Volviendo la vista atrás, y
después de meditarlo durante varias semanas, cada vez tengo más claro que en el
debate sobre protección de datos no estamos olvidando de una de las partes más
importantes: los propios ciudadanos de a pie. Los ciudadanos que no son
abogados, ni expertos en ciberseguridad, ni en analítica web ni en Big Data.
Los ciudadanos que simplemente usan los servicios, comparten sus datos y
esperan de vuelta honestidad y transparencia en el uso que se da a esos datos. Esos
ciudadanos no tienen voz en ningún foro.
Es verdad que se suele decir
aquello de que a los usuarios no les importa realmente su privacidad. No estoy
de acuerdo. La realidad es que los estudios realizados, para muestra un botón, demuestran que los
usuarios no quieren que sus datos se recojan ni se utilicen sin su
consentimiento expreso (opt-in) en un porcentaje superior al 90% con independencia del
país en el que se pregunte. Es decir, a los usuarios sí que les importa qué se
hace con sus datos.
Eso sí, tampoco es menos verdad
que los usuarios viven en lo que se ha empezado a llamar la “privacy paradox” o
paradoja de la privacidad. La situación es que, a pesar de decir que le
interesa su privacidad, los datos también muestran que existe una inacción en
lo que se refiere a la configuración de opciones de privacidad, contraseñas o
elección de servicios. Vamos que nos interesa eso de la privacidad pero que tampoco hacemos nada por cuidar de la nuestra. Es como decir que estás muy preocupado por lso accidentes de tráfico y circular sin cinturón y por el carril contrario, un sin sentido pero oiga, el mundo continúa girando y ninga catástrofe ha acontecido así es que tampoco parece que pase nada, ¿o sí?.
Esta realidad, que desde hace un
tiempo se muestra de manera cuantitativa a través de estudios globales, en
realidad venía siendo intuida por abogados, empresarios y analistas de datos.
Los usuarios ponen el grito en el cielo cuando el uso de sus datos tiene un
impacto que perciben como negativo en sus vidas pero no antes. Y precisamente
eso engancha con el primer post de este blog.
Ya, voy al grano. Esta reflexión
viene porque el día 28 de enero fue el día Europeo de Protección de Datos. ¿Se
enteró alguien? Sólo los profesionales de la privacidad que yo sepa, el resto
de ciudadanos siguió con su vida normal sin darle más importancia al día. Sí,
es verdad que hubo actos, conferencias, sesiones, entrega de premios.. sí, hubo
todo eso pero no caló en los usuarios. Lo que yo me pregunto es por qué
demonios no caló si, al menos teóricamente, a los usuarios les importan sus
datos.
Ahí va mi teoría: no caló porque
el debate no se saca a la calle. No se promueve un debate a través de redes
sociales, la organización de eventos está totalmente fragmentada, cada
organización/institución barre para su casa, los ponentes son siempre los mismos
y generalmente abogados. ¿Dónde están los analistas de datos? ¿Dónde están las
empresas que viven de procesar datos y convertirlos en valiosa información? Y
sobre todo, ¿dónde están los usuarios? Simplemente no están porque lo que se
ofrece ni se publicita ni se piensa para el usuario. Y esto me lleva a preguntarme si las leyes tienen en cuenta al usuario de verdad o si vivimos en una suerte de nepotismo ilustado 2.0: todo para el pueblo pero sin el pueblo.
En mi opinión creo que el 28 de
enero debería ser un día de celebración de lo conseguido, que no es poco, de divulgación de
los derechos (¿saben que, de medie, sólo el 25% de los ciudadanos europeos saben que existe una Agencia de Protección de Datos a la que pueden acudir?) y de explicación de las tendencias de todo tipo: legales, de
modelos de negocio, de análisis de datos, de sentimiento de los usuarios.. Hay
tanto.. Y sin embargo mucho me temo que el próximo año volveremos a
encontrarnos el mismo planteamiento de conferencias, seminarios y circunloquios
a los que acudirán / acudiremos los mismos de siempre salvo que alguien lo
remedie (sí, podría ser yo y sí, quizás lo sea).
Ea, ya está, ya lo he dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario