Hace ahora algo así como dos años y medio que escribí un post sobre la entonces nueva normativa sobre cookies. No es que el post fuera nada especial, simplemente recapitulaba lo que la normativa exigía a las webs que utilizasen cookies. Hay que reconocer que la redacción del art. 22.2 de la LSSI-CE (Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico) no es precisamente transparente, claro que una Ley con ese título tampoco podía ofrecer nada simple y sencillo.
A día de hoy la realidad es que, para los usuarios, prácticamente nada ha cambiado las empresas continúan empleando cookies, los usuarios las aceptan y se ven obligados a soportar unos banners horrorosos.
Vaya por delante que el propósito de la normativa sobre cookies a mi me parece bueno: oiga, si está recabando información sobre mi perfil pues, al menos, dígamelo y pidame permiso. Sin embargo, como tantas otras veces, lo que esta normativa rezuma es falta de entendimiento del negocio digital (que por cierto aporta cada vez más a nuestra economía). Me explico.
Si uno tiene una tienda a pie de calle se puede ver si pasa mucha o poca gente por delante del escaparate, si se paran a mirarlo, la cantidad de gente que entra en la tienda, cuántos muestran interés por algún artículo de los que vendemos y finalmente cuántos compran. Parece una estupidez lo que estoy diciendo pero cualquier persona que haya trabajado en una tienda sabe que esa información es vital para tomar decisiónes y hacer cambios para intentar mejorar los números, vender más y por tanto ganar más dinero o simplemente sobrevivir. Por el contrario si tenemos una tienda online estamos ciegos. ¿Yo qué sé suánta gente entra en mi tienda web? ¿No sé qué les gusta, qué no, si intentan comprar y abandonan porque hay algo mal diseñado..? Las cookies son el perro guía de cualquier tendero en internet y sin embargo nos empeñamos en dejar al ciego sin perro.
Como decía antes creo que la intención de la normativa sobre cookies es buena. Una cosa es llevar un perro guía y otra muy distinta un perro guía que sea peligroso sin embargo en esto de las cookies, como en el mundo de los perros, todo depende de quién controle las cookies. Las cookies no hacen más que aportar datos y los datos son neutros, la intención con la que usemos esos datos no es neutra. Entonces lo que debemos preguntarnos es, ¿no nos estaremos equivocando de objetivo?
Si tengo un ecommerce saber que un cliente es la tercera vez que viene a mirar el mismo vuelo, en las mismas fechas me dice mucho. Me dice que el tipo está francamente interesado y puedo enviarle un mail para animarle a que compre (al igual que en una tienda física puedo acercarme a él para intentar cerrar una venta). Creo yo, llámenme loca, que es un fin legítimo. Otra cosa es que el tendero utilice esa cookie para subir ligeramente el precio con cada nueva visita dando a entender que el vuelo va subiendo de precio y empujar al usuario a una compra compulsiva jugando con su deseo de adquirir el billete a un precio económico (alguna vez me ha pasado esto y al borrar las cookies de la compañía aérea y buscar el mismo vuelo el precio del billete continuába siendo el mismo del primer día). ¿Son las cookies las malas de la película o las empresas que utilizan los datos que las cookies les proporcionan para fines cuanto menos discutibles?
Y luego está la otra batalla de la que nadie habla pero que existe y es un run-run permanente en las discusiones sobre privacidad y cookies: un altísimo porcentaje de webs emplean la misma herramienta de analítica web: Google Analytics. ¿Porqué? Es gratis, sencilla y extraordinariamente potente. Esto es lo que realmente pone en alerta a Europa: hay un ente que está recogiendo petabites y petabites de información sobre los usuarios y que crean unos perfiles extraordinariamente precisos sobre ellos. Sin embargo creo que nos estamos equivocando en el enfoque: los usuarios utilizan los servicios de Google en masa simplemente porque son buenos. De hecho son muy buenos y no perciben un impacto en su privacidad lo suficientemente potente como para renunciar a esos servicios. Por tanto lo que, en mi modesta opinión, creo que deberíamos plantearnos es si el usuario tiene conocimientos suficientes para tomar una decisión informada sobre el uso de las cookies por parte de las webs que visitan o si teniéndola lo que están haciendo es pasar de todas las advertencias porque consideran que el peligro no es tal.
Yo tengo algo muy claro:
- Google ha hecho su trabajo al facilitar una herramienta que permite a los usuarios bloquar el uso de Google Analytics,
- las webs han incorporado mensajes de advertencias y listados de las cookies que emplean y para qué las emplean
- los usuarios, que tienen la última palabra, continúan navegando y aceptan los avisos sobre cookies sin leerselos en casi la totalidad de los casos
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